El Gran Recapte d'Aliments, gran recuerdo en la mente
Durante los días 22 y 27 de noviembre tuvieron lugar dos actividades relacionadas con el Gran Recapte d'Aliments a Catalunya, una fue la asistencia a un punto de recogida (Supermercado Consum como establecimiento colaborador, ubicado en la calle Jeroni Pujades, 29) y la otra fue la de formar parte del grupo de clasificación y etiquetaje, para que así estén listos para la posterior entrega a las entidades receptoras, en el centro de convenciones, almacén donde se da cabida a la Fira de Lleida). Esta es una campaña de recogida de alimentos básicos para conseguir que las personas más necesitadas de nuestro entorno reciban ayuda alimentaria; también sirve para dar a conocer la situación por la que pasa este grupo a raíz de la crisis económica que estamos viviendo. La campaña la llevan a cabo simultáneamente los cuatro Bancos de Alimentos de Cataluña. Se basan en cuatro principios:
- Gratuidad
- Seguridad de distribución
- La contribución a la sostenibilidad y la preservación del medio ambiente evitando el desperdicio, en vertederos.
- Solidaridad hacia las personas con necesidades alimentarias.
Sus objetivos básicos son:
- Contribuir al desarrollo sostenible.
- Promover la utilización más eficiente de los recursos.
- Contribuir al ejercicio del derecho a una alimentación suficiente y saludable.
- Participar en la reducción de la exclusión, colaborando en la consolidación de un mundo más habitable.
- Luchar contra la pobreza alimentaria y el desperdicio para un mundo más justo.
Se calcula que actualmente, un 20% de la población vive en situación de pobreza en Cataluña. Estas personas requieren nuestra solidaridad y capacidad organizativa para no convertirse en personas marginadas. Y es por este motivo que desde los Bancos de Alimentos se pone en marcha este proyecto que este año ha llegado a su décima edición.
El Gran Recogida de Alimentos en 2018 recogió 4.310.000 kg en más de 2.926 puntos de recogida y contó con la ayuda de más de 28.313 personas voluntarias.
La primera experiencia tuvo una duración de tan solo una hora ya que nos dividimos en diferentes turnos con tal de cumplir con la franja horaria que se nos había asignado. Fuimos por parejas y mi compañero fue Jordi Berenguer. Nuestros objetivos consisitieron en atraer el mayor número de individuos, animarles a que participasen en la causa y mejorar la habilidad de estar cara al público, debido a que faltó una compañera, nos tuvimos que organizar de nuevo y establecer un orden de llegada para cada uno de nosotros que nos fuese adecuado de modo que la siguiente pareja que viniera nos relevara.
Primero de todo, nos pusimos unas armillas, dorsales azules identificativos. Cogimos una bolsa del mismo color en la mano y a cada persona que entraba al supermercado la invitamos amablemente y siempre con una sonrisa a colaborar: "Buenos días/tardes, ¿le gustaría colaborar con El Gran Recapte del Banc dels Aliments? Si respondía que sí, se le daba la bolsa que devolvería después de pasar por caja. Este año los alimentos que destacaron por encima del resto fueron el aceite, leche y conservas (sobretodo las legumbres cocidas). Dentro de la caja de grandes dimensiones se introducía todo excepto los productos frescos y los de limpieza e higiene. Aún así, había un póster divulgativo en la puerta de la tienda. De vez en cuando pasaba un responsable que se encargaba de comprobar que todo iba en según lo previsto y de vaciar lo que había en su interior en el caso que la caja estuviese demasiado llena.
Todo transcurrió con normalidad (18 - 19h), cabe destacar que hubo momentos en los que se hacía monótono y uno/una se podía llegar a sentir ignorado/a al ver que la gente se dirigía hacia el interior. Una cualidad que ello me permitió fomentar es la de la paciencia y el saber tratar con gente de distintas edades, culturas y formas de pensar a la hora de presentar lo que estábamos haciendo allí y la importancia que merecía.
Por otro lado tenemos el trabajo que hicimos en la fase de colocación de alimentos provenientes de sitios como en el que estuvimos cinco días antes. En esta acción empezamos a las 16.30h y terminamos sobre las 19h (la duración era dependiente de las donaciones recibidas), sin tener en cuenta el tiempo de desplazamiento. Nada más llegar a la recepción, los voluntarios internos nos dieron la bienvenida, confirmaron nuestra asistencia y nos comunicaron de que teníamos a nuestra disposición un servicio de guardarropa, aunque no hizo falta ningún ticket.
Implicó un moderado esfuerzo físico y dinámico, nuestro puesto no debía ser desatendido, en caso de que lo fuera, se debía anunciar un sustituto. Uno de mis propósitos fue aumentar mi espíritu de trabajo en equipo y aprender a liderar uno gestionando la energía. El espacio fue cedido para la ocasión por un patrocinador en el que quedó instalada una cinta en la que se volcaban los productos. Cada grupo de voluntarios se concentró en un determinado producto (potitos, conservas de legumbres o de tomate, mermeladas, crema de cacao para untar (en vidrio), cuidados de limpieza, galletas, pasta, arroz...) el cual era marcado y cargado sobre una paleta. Para asegurar la eficacia conjunta se requerían entre 50 y 70 voluntarios en la cinta.
Mientras tanto, otro grupo preparaba cajas de cartón para suministrarnos. Por último, a un tercer grupo se le confió la tarea de transportar las paletas completas a las cintas plastificadoras. Nuestros supervisores procuraron que fuéramos cambiando de faena con el fin de que no nos agotáramos durante el proceso en cadena ni que no nos aburriésemos. De hecho, incluso nos ofrecieron tarta al salir, no sin antes aplaudirnos por nuestra dedicación y perseverancia, valores que afloraron a medida que el tiempo avanzaba. Sin embargo, también nos topamos con obstáculos, no habían rotuladores ni cinta adhesiva para la gran cantidad de miembros que éramos y, además, como consecuencia de la presión y las prisas al ver como se acumulaban cajas, algunos paquetes de espaguetis y otros tipos de pasta se rompieron derramando su contenido por el suelo.
Personalmente tardé en darme cuenta de que debía distinguir entre los productos frescos, de aseo personal y los paquetes de leche de seis unidades. Estos elementos no debían ser vertidos. Al dar por finalizada la jornada, hubo numerosas quejas debido a que el flujo de productos, la frecuencia de productos que hacían el recorrido en línea recta era, a veces, irregular y excesiva, no daban abasto, los recursos eran abundantes. Sin mencionar las molestias que pudiera provocar el hecho de tener que agacharse con tal de alcanzar los artículos de la base o parte inferior.
Aprendí que uno o una no se debe frustrar y siempre se deben seguir las pautas que le han sido atribuidas en vez de ir por libre por mucho que se tenga la convicción de que de esta forma se va a logar una mayor eficiencia y un aumento de la productividad. La realización de la clasificación me dio la oportunidad de entablar conversaciones con gente desconocida y relacionarme con personas que ya tenían experiencia y conocimiento sobre el funcionamiento de los procedimientos. En definitiva, enriqueció mi perspectiva sobre de qué se tratan las recogidas y me asombró pensar que, a pesar de la enorme cantidad de comida que allí, aún no era suficiente para mantener a las familias que más lo necesitaban.
Podría añadir que fortaleció mi convicción de formar parte de esta comunidad de ahora en adelante, de aportar mi pequeño grano de arena cada año. Globalmente, opino que mi actitud fue positiva y que escuché atentamente las instrucciones que se me indicaban, cumpliéndolas lo mejor que pude y pidiendo consejo siempre que lo consideré oportuno.
